Respondí que estaba completamente de acuerdo. Recordé que cuando niño bailaba, de hecho hasta me gustaba hacerlo con mi madre, se lo dije. Ella contestó:
--Apuesto que alguna tía tiene alguna responsabilidad con tu trauma.
En ese momento inferí que quizá tendría más que ver con alguna amiga de mi madre. La plática relativa al baile terminó.
Soy un tímido obsesivo, así que hoy dediqué unos momentos a tratar de fatigar el origen de mi trauma patológico y recordé que cuando tenía unos once años mi hermana comenzó a burlarse de mi manera de bailar [paréntesis: cuando niño fui un gran exhibicionista, además siempre he sido un poco extravagante, y a veces me gustaba imitar el baile ridículo de ciertos adultos que poseían un sentido del ritmo atrofiado. Era divertido, hasta que mi hermana lo utilizó como arma para mofarse de mí].
Ahora me es imposible liberarme de mis ataduras robóticas sin ruborizar y sentir que estoy haciendo una parodia de mí. No sé como liberarme sin perder el estilo.
¿Alguna vez te has detenido por miedo al ridículo?
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