Aquí estoy, peleando contra mi yo que gusta de sentirse estúpido. Ahora que lo escribo (y pienso) no me he dado a la labor de nombrarlo. Hasta ahora existe: Tristán (el que escribe, antes se llamaba Juan, ha tenido varios nombres —como tres— ya no los recuerdo con exactitud), Issac (así con doble ss), no hablo mucho con él porque es un pesado; y mi amigo imaginario(!) Spaceboy inspirado en la personalidad del camaleón Mr. David Bowie (es rebueno para platicar cuando me siento solo).
Eso fue un largo paréntesis. Quiero superar a esa gran parte de mi personalidad que se siente tonto. O sea, sólo basta con mirar a cualquier parte en la calle y el ochenta por ciento de los que aparecen en mi espectro visual son menos inteligentes que yo. [Paréntesis, más bien corchetes, para recalcar mi gran ego, lo que genera mayor tensión a este momento, tensión dramática por supuesto (¿qué?)]. Pero insisto con esa idea. A veces trato de encontrar oportunidades que demuestren mi poca agudeza.
Explicar el origen de mi situación, lo tengo perfectamente claro, además de tardado y tedioso, acercaría a este escrito a terrenos de la terapia psicológica, más propia de las lecturas de autoayuda; y como leer esas cosas me deprime, prefiero evitar entrar a esos caminos, para no impregnar la misma tristeza en mis noveles lectores (ajá).
Se me ha ocurrido, mientras intentaba estudiar para mi examen de mañana, por cierto no es nada difícil y que no estoy entendiendo nada de lo que reviso, que una manera de erradicar a esa parte de mí sería comenzar por nombrarlo. Cómo me gustaría llamarlo, se me ocurre Anacleto, quizá, es perfecto. ¡Pinche Anacleto! cómo se la pasa jodiendo con su baja autoestima y deseo de flagelación eterno. Ya me tiene cansado. ¿Cómo reprenderlo? Intentar hacerlo entrar en razón (como dicen algunos que se creen muy cuerdos, ¿podría ser yo?) es totalmente inútil, debido a las características subjetivas de su mal.
¿Cómo invitarlo a la felicidad, la lozanía, la contemplación?
La bitácora más ácida de la blogósfera.
Ese debiera ser el subtítulo de este blo9. Pero por una razón que no diré decido que permanezca la que desde hace tantas soledades acompaña a esta bitácora. Cronológicamente te ubicas en mi segundo diario electrónico, que todavía fatigué ciertos días de este dos mil siete. Nunca supe que despegara, salvo en dos entradas en que llegaron precisamente dos colombianos. La abandoné el día que decidí que necesitaba una u erre ele sencilla, de una palabra si era posible. Cuando conseguí mi propósito salí de estos pixeles anaranjados.
Puedes leerla con ayuda del botón que te posicionará a una entrada motivada por el azar. Por los enlaces accedes a mi primera bitácora o, incluso, a la que mantengo hoy día. Todo comenzó un marzo de dos mil cinco como redacto ahí. Comentarios siempre son bien recibidos. Si quieres estar al tanto de las respuestas, recomiendo la nueva herramienta de blogger. De pronto el botón toma tiempo, se paciente :) Saludos estimado y único lector.
Puedes leerla con ayuda del botón que te posicionará a una entrada motivada por el azar. Por los enlaces accedes a mi primera bitácora o, incluso, a la que mantengo hoy día. Todo comenzó un marzo de dos mil cinco como redacto ahí. Comentarios siempre son bien recibidos. Si quieres estar al tanto de las respuestas, recomiendo la nueva herramienta de blogger. De pronto el botón toma tiempo, se paciente :) Saludos estimado y único lector.
miércoles, junio 15, 2005
Ahora tengo a un nuevo amigo que se une a la fiesta (aquí dentro)
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1 comentario:
jjajaja mejor ponte a estudiar... no vaya a ser que te unas al 80%
12:11
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