Después de levantarme mis planes para este día eran: Hacer ejercicio, desayunar en casa, llegar a clase de once, comer con A y otro huey que no recuerdo su nombre en la cafetería irreal de economía, recoger a D en su casa e ir la presentación del libro de Lauro Zavala a bellas artes.
No llegué a clase de once. Salí tardísimo de mi casa. Decidí cambiar un poco mi itinerario y tramitar mi cita con el dermatólogo en servicios médicos. La señorita de la ventanilla me ofreció una cita el lunes a las once. Le dije que la prefería para el martes, estaba enojada (que raro) me pidió que regresara mañana. Pensé: no es posible, tengo el pase para el dermatólogo desde hace dos meses y no he venido a pedir cita, es imposible que venga mañana. Decidí aceptar la cita para el lunes. La señorita se molestó.
Saliendo de la clínica fui a la facultad para buscar a A. Vi a G hablando con una amiga muy linda, así que me acerqué. No le pregunté su nombre, a veces soy medio idiota con las mujeres que me atraen. Platicamos muy poco, de fotografía, es asistente de un fotógrafo. Le recomendé las obras de teatro del Centro Cultural del bosque, porque quiere estudiar escenografía en el Cenart.
Estuve esperando primero en la escuela y después cuarenta y cinco minutos en la cafetería de economía. Me dejaron, otra vez, plantado. Leí mientras esperaba, la verdad no quería que llegaran, estaba muy cómodo con mi soledad; pero decidí quedarme a leer. C me prestó Putas asesinas de Roberto Bolaño. Es de cuentos. Todavía no le encuentro sentido al título. A las tres me fui. Vagué un rato por la fac y después regresé a mi casa a comer.
Tenía que llegar a casa de D a las seis y media, en el camino me llamó para cancelar. Entonces me seguí hasta bellas artes. Pinche metro estuvo fatal. Hice cincuenta minutos. Llegué tardísimo a la presentación. Últimamente llego tarde a todas mis citas. En fin. Estuvo bien. Lauro Zavala es una persona extraña. Bebí cinco vasos de vino: cuatro de blanco y uno de tinto. El tinto no es mi hit, pero la copa era más grande, por eso lo bebí y después pedí que me sirvieran en esa copa.
Estuve platicando con C --a una parte de mí le gusta pensar que C se siente atraida por mí--. Después con O y su amigo. O es muy rara. De pronto es ultra mamona conmigo. Esta vez no. Hablamos de tonterías. Ella estuvo fatal. Demasiado boba. No sé, quizá el vino se le subió pero la verdad no creo. No sé. Su amigo nos trajo a nuestras respectivas casas. Fue muy amable porque aunque no lo conozco se ofreció a traerme.
La bitácora más ácida de la blogósfera.
Ese debiera ser el subtítulo de este blo9. Pero por una razón que no diré decido que permanezca la que desde hace tantas soledades acompaña a esta bitácora. Cronológicamente te ubicas en mi segundo diario electrónico, que todavía fatigué ciertos días de este dos mil siete. Nunca supe que despegara, salvo en dos entradas en que llegaron precisamente dos colombianos. La abandoné el día que decidí que necesitaba una u erre ele sencilla, de una palabra si era posible. Cuando conseguí mi propósito salí de estos pixeles anaranjados.
Puedes leerla con ayuda del botón que te posicionará a una entrada motivada por el azar. Por los enlaces accedes a mi primera bitácora o, incluso, a la que mantengo hoy día. Todo comenzó un marzo de dos mil cinco como redacto ahí. Comentarios siempre son bien recibidos. Si quieres estar al tanto de las respuestas, recomiendo la nueva herramienta de blogger. De pronto el botón toma tiempo, se paciente :) Saludos estimado y único lector.
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jueves, mayo 19, 2005
Paseos
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