Cuando tenía dieciséis años la universidad nacional estuvo parada durante un año, yo cursaba mis estudios en la prepa 6; sólo las clases en general, la investigación continuó. En ese tiempo comencé a fatigar la costumbre de no bañarme. La practiqué con un rigor laxo. Esa etapa, uno de los más oscuros de mis exilios, fue prolongada casi dos años en mi vida.
Recupero este recuerdo porque después de mi fiel y extenso ejercicio de esta actividad, por primera vez conscientemente, percibo la siguiente noticia triste que se suma a mi malestar general: no bañarme me deprime.
El fin de semana lo pasé acompañado de una desgano moderado, sin bañarme, hasta que a las tres veinticinco de la tarde del lunes combatí un poco mi melancolía con un baño.
Es sumamente extraño que hábitos tan importantes de mi vida se transformen de pronto y me abandonen. Que dejen de ser el escudo protector que me ayuda a respirar con un poco menos de soledad y, precisamente, se conviertan en un yugo. Aunque quizá, siempre lo han sido.
Eso u otra explicación es posible; estuve triste desde el sábado y me di cuenta hasta el lunes.
La bitácora más ácida de la blogósfera.
Ese debiera ser el subtítulo de este blo9. Pero por una razón que no diré decido que permanezca la que desde hace tantas soledades acompaña a esta bitácora. Cronológicamente te ubicas en mi segundo diario electrónico, que todavía fatigué ciertos días de este dos mil siete. Nunca supe que despegara, salvo en dos entradas en que llegaron precisamente dos colombianos. La abandoné el día que decidí que necesitaba una u erre ele sencilla, de una palabra si era posible. Cuando conseguí mi propósito salí de estos pixeles anaranjados.
Puedes leerla con ayuda del botón que te posicionará a una entrada motivada por el azar. Por los enlaces accedes a mi primera bitácora o, incluso, a la que mantengo hoy día. Todo comenzó un marzo de dos mil cinco como redacto ahí. Comentarios siempre son bien recibidos. Si quieres estar al tanto de las respuestas, recomiendo la nueva herramienta de blogger. De pronto el botón toma tiempo, se paciente :) Saludos estimado y único lector.
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martes, mayo 03, 2005
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4 comentarios:
jajaja. Los piojos no aparecen por generación espontanea. Jeje comentario fuera de contexto(!), no tengo piojos.
00:30
wacalaa =S seguramente te sientes triste porque los piojos te carcomen las amigdalas.
13:18
Claro, ¿nunca viste los comerciales de Zest? Pero siempre me intrigó que interrumpieran las escenas del baño espumoso para hacer una demostración del poder de Zest con unos lentes.
A mí también me agarró la huelga en prepa 6, ¿te acuerdas de cuando se quemó el auditorio? Los chairos dijeron que había sido un complot de Fuster para desprestigiar al movimiento, aunque años después la verdad fue revelada en forma de chisme: en realidad se habían puesto tan pachecos que una fogata que tenían montada sobre el escenario (¡!) se les salió de control.
Yo en esos meses adquirí otras costumbres igualmente malas, como vestirme con playeras metaleras talla XXL, tomar cuatro litros de cerveza en menos de dos horas, esuchar heavymetalentremásrápidomejor hasta que me papalotearan las orejas. Y tampoco me bañaba mucho.
20:10
Cuando era niño y veía esos anuncios de Zest creía que había personas tan ciegas que necesitaban de un jabón que no empañase sus lentes para mirar sus axilas mientras las enjabonaban.
Sí recuerdo el incidente del auditorio uno de los acontecimientos más jocosos de la historia de la revolución!! (jeje). Sabías que llamaron a todas las escuelas para avisarles que alguien había entrado a quemar el auditorio y que llegaron contingentes de otras escuelas para auxiliarlos y no los dejaron pasar porque creyeron que eran porros (?)
Esos bellos recuerdos jajajaja.
23:53
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